Ni los impresionistas, ni Picasso, ni los artistas modernos se acercaron a la cotización de los viejos maestros. La primera operación de más de u$s 1 millón fue de Mellon. Compró un Tondo de Miguel Angel para la National Gallery de Washington. Luego, en los 60, fue el Rembrandt de "Aristóteles contemplando el busto de Homero" vendido al Metropolitan de Nueva York en u$s 2 millones.
Ya en 1980, la pintura más cara del mundo fue el Turner que está en la Colección Fortabat de Puerto Madero. La empresaria pago u$s 7 millones.
El gran mercado es Londres, aunque los americanos son también compradores como lo fue Randolph Herst ("El Ciudadano", de Orson Wells), o los texanos Medows, luego estafados por el hábil Legros, que exportó 40 pinturas y les tapó la firma con pintura. La Aduana de Nueva York lo multó en u$s 2 millones por querer introducir obras famosas como si fueran anónimas. Así, Legros logró uno de los mejores certificados del mundo, el del gobierno de Estados Unidos, y vendió las presuntas obras maestras en u$s 48 millones al pobre texano que ya no dudó de la autenticidad de estas fraudulentas obras.
La crisis de la madre patria llega a todos, incluso a la bella Baronesa Thyssen, familiarmente conocida como Tita, que subastó una de las obras más importantes de su colección, un famoso paisaje de John Constable, el mayor paisajista británico junto a Turner. La obra había sido comprada en u$s 9.8 millones en 1990. Luego de tenerla en su casa de Marbella, fue un Palacio en Madrid, uno de los museos más activos de España. Ahora, ante la necesidad de contado, Chiristie´s de Londres lo vendió en u$s 35,2 millones.
En cuatro días se lograron u$s 220 millones y se batieron 12 récords. Un pequeño y muy caravagesco Rembrandt de 40 x 30 cm. cambió de manos en u$s 13,2 millones. Había compradores de 22 países. Había dos obras encantadoras y me hubiera gustado poder comprarlas. Pero el problema de girar divisas no permitió que comprara un bodegón maravilloso del hijo de Francisco de Zurbaran, el poco conocido Juan. Se vendió en u$s 4,3 millones. Y por una miniatura de Witael de 1610, que fue descubierta en una visita casual a una casa en París por parte de los expertos de Christie´s, se vendió en u$s 7,3 millones. El dueño debe estar festejando con Cristal o Pommery. Una bien conservada tabla de un altar sienés de Giovanni di Paolo superó cualquier expectativa al venderse en mas de u$s 7 millones. También se batieron récords para una marina de Van del Velde que hace siglos había partido de Holanda y ahora volverá. Se vendió en u$s 8,3 millones. Un Peter Breghuel similar al que Amalita ha dejado para que todos los disfrutemos en Buenos Aires, se pagó u$s 7,1 millones.
Sin duda que las vistas de Venecia, realizadas por Canaletto, su primo Belotto, Guardi y otros genios, son arduamente disputadas. Pero a falta de pinturas importantes, por un lápiz de Canaletto se pagaron u$s 3 millones. Jamas un dibujo había costado tanto. Es un vista del costado del Rialto y ni siquiera se ve el Canal Mayor. El dueño estará disfrutando en este caso con Bellinis en el Harrys Bar. El gran problema de las obras de los viejos maestros es el estado de conservación y el cv de la obra, ya que las atribuciones a veces cambian. Se podría tener un Rembrandt que podía valer u$s 100 millones como el Jinete Polaco de la Frick Colection de Nueva York, y viene el comité de expertos y te dice que no es de él y pasa a valer un 5%. Actualmente, se puede ver una muy buena colección de pintura italiana en el Museo Nacional de Arte Decorativo. Una de las joyas de la exposición es un pequeño Rafael que fuera comprado no hace mucho en u$s 650.000. Hoy vale bastante mas, sólo en seguros y transportes tiene un costo cercano al millón de dolares y para recuperarlos deberían ir 200.000 personas ya que la entrada cuesta u$s 5. Hay que agradecer a HOPE FOUNDS que haya traído y pagado los gastos de esta imperdible exposición.
Fuente: Cronista