18/07/12 07:36

Con el canto, de Tunuyán a Catamarca

Marianela y Betiana Abraham formarán parte de la delegación de Tunuyán y actuarán en el Predio Ferial de la provincia norteña, los días 19 y 20 de julio para participar de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho.

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Los éxitos de las jóvenes cantautoras mendocinas se siguen sumando y, esta semana, llegarán a Catamarca para participar de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Marianela y Betiana Abraham formarán parte de la delegación de Tunuyán y actuarán en el Predio Ferial de la provincia norteña, los días 19 y 20 de julio.

En el marco de un convenio de intercambio cultural entre Tunuyán y Catamarca, Las Hermanas Abraham llevarán su propuesta musical (Los Sonidos del Quetec) a la 42ª edición de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho.

La fiesta mayor de Catamarca cobija en cada edición la mirada asombrada de los visitantes a la muestra, conmovidos por la diversidad y la belleza de las artesanías locales, nacionales e internacionales. La ciudad capital, San Fernando del Valle es la anfitriona, convocando a los hacedores de esta riqueza cultural que da identidad a nuestro pueblo. El poncho es el representante inalterable de Catamarca y de sus artesanos.

La edición 2012 de este importante encuentro cultural, que comenzó el viernes 13 y continuará hasta el lunes 23 de julio, contará con las actuaciones de Alejandro Lerner, Los Manseros Santiagueños, Los Huayra, El Chaqueño Palavecino, Los Tekis, Dúo Coplanacu, Abel Pintos, entre otros. El espacio elegido para el espectáculo de las mendocinas es el Centro de Convenciones, espacio dedicado a los nuevos talentos de todo el país.

En esta oportunidad Las Hermanas Abraham ofrecerán a los amantes del folklore su propuesta llena de grandes canciones inolvidables, con sus particulares arreglos musicales y vocales.

Dos hermanas, un estilo

Estas jóvenes hermanas de La Consulta, San Carlos, Mendoza, comenzaron su carrera musical con tan sólo 11 años. Fue gracias a su profesora Magdalena Granda, de la Escuela Santa Rosa de Lima. Gracias a una iniciativa de la docente, un grupo de seis niños comenzó a perfilar lo que hoy es un verdadero concepto musical. Así nació “Los sonidos del Quetec”. La inquietud era concreta: formar un grupo de pequeños talentosos que hiciera folklore, aprovechando el boom del momento: Soledad y Los Nocheros. El folklore joven comenzaba a ganar terreno y estos niños y su maestra de música empezaron a buscar canciones del repertorio folklórico nacional, para después comenzar a explorar la música cuyana.

Desde un comienzo, los arreglos vocales y las armonías fueron los puntos fuertes del concepto musical que estaban desarrollando. Algunas obras instrumentales completaban el primer repertorio. “El cóndor pasa”; “Pájaro campana”; “Quiero ser tu sombra”, entre otras, sorprendían por la excelencia interpretativa de estos pequeños grandes artistas.

Por diferentes razones, la que fuera directora musical del grupo durante muchos años decidió alejarse del proyecto. Desde ese momento, los ya jóvenes integrantes del grupo comenzaron a transitar su propio camino artístico, siempre con el apoyo de sus familias. Recuerdan con mucho cariño que llegaron a ser 21 personas las que viajaban cada vez que se presentaba un espectáculo.

En 2002, la voz masculina del entonces trío decidió dejar el grupo y allí nació el dúo de las hermanas Abraham, que se mantiene hasta la actualidad. Paralelamente, ingresaron a la Escuela de música de la UNC y comenzaron a absorber diferentes estilos, todos relacionados con el folklore latinoamericano. Así descubrieron a Luna Monti y Juan Quintero; Opus 4; El dúo salteño; etc. Los estudios formales les permitieron conocer a mucha gente de su edad, que estaba en su misma lucha: “tratar de hacer conocer el propio estilo y poder trabajar de lo que aman”.

Las Hermanas Abraham se habían convertido, con los años, en cantautoras y lograron consolidar su estilo y saber por que camino transitar. Desde ese momento, lo que, en un comienzo, fue sólo un nombre se había convertido en la esencia misma de su música: “Los sonidos del Quetec”. La frase que las había identificado había cobrado un nuevo significado: hacer música de raíz folklórica, con un fuerte acento en los arreglos y armonías vocales no convencionales. Siempre dentro del folklore nacional.

Respecto a la instrumentación, las hermanas Abraham aclaran: “procuramos utilizar elementos que atraigan a los jóvenes: piano eléctrico, batería, guitarra y algunos accesorios de percusión de Latinoamérica y el mundo. Así, logramos un sonido nuevo para contar el folklore”.

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