Si la cara es el espejo del alma, el fotógrafo Platon Antoniou, conocido simplemente como Platon, es quien mejor radiografió el poder político con un proyecto que inmortalizó a más de un centenar de líderes mundiales.
La galería fotográfica vienesa Westlicht abrió la primera exposición monográfica sobre ese proyecto con el nombre "Platon. Las caras del poder", y que reúne medio centenar de retratos de gran formato hasta el próximo 22 de abril.
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Durante cinco días inmortalizó a más de 120 líderes mundiales y el resultado es un trabajo cargado de una intensidad y energía que ofrece un retrato individual y colectivo de la élite política mundial.
Algunos de esos líderes ya no están en el poder, como el italiano Silvio Berlusconi, y otros ni siquiera están vivos; entre ellos, el caso más famoso es el del desaparecido dictador libio Muammar Khadafi, que posó sentado en un taburete envuelto en joyas y oropeles mientras lanzaba a la cámara una mirada hosca.
"Que Khadafi, que exhalaba poder y desafío en su mirada -rodeado por una guardia personal femenina que intimidaba- muriera dos años después es algo que me causó una gran impresión. Nunca hubiera podido imaginarlo en tan poco tiempo cubierto de sangre y suplicando por su vida", asegura en una reflexión sobre la fragilidad del poder.
Aunque casi todas las imágenes son frontales y tomadas con enorme resolución con una máquina analógica de formato medio Hasselblad, cada una capta un aura distinta de cada líder.
Así, Berlusconi ofrece una sonrisa propia de un seductor; el rostro del presidente venezolano, Hugo Chávez, emerge de la oscuridad; el presidente de los EEUU, Barack Obama, lanza una mirada de curiosidad a la cámara; y el iraní, Mahmoud Ahmadinejad, muestra un gesto de severidad casi pétrea.
Platon relata que cada líder imponía sus condiciones y a veces apenas había tiempo para darle al disparador de la cámara: "Chávez me dio 15 segundos, creo que tomé una o dos fotos. En ese momento debes de actuar por puro instinto".
También observó una actitud completamente diferente entre hombres y mujeres al ser fotografiados; ellas -como la entonces presidente chilena Michelle Bachelet y la actual mandataria argentina, Cristina Kichner- actuaban con mucha más soltura y seguridad.
Los líderes masculinos, en su mayoría con "un ego superlativo", según Platon, desean tener todo bajo control y de repente se encontraban inseguros ante la cámara, explica, mientras que las mujeres eran mucho más naturales y seguras ante el objetivo.
Con el líder con el que tuvo peor relación fotográfica fue con el presidente francés Nicolas Sarkozy, que llegó hecho una furia a la sesión fotográfica.
"Se negó a darme la mano, me gritó que detestaba la fotografía y se marchó tal como vino", relata.
Platon recalca que las fotografías muestran a los líderes a la altura del espectador, para tratar de "humanizarlos" y subrayar que éstos "están al servicio del pueblo, una idea que suena ingenua pero que hay que recordar".
Aún así, reconoce que no era un proyecto "político" sino "humano", y que por eso fotografió a todos los líderes mundiales, independientemente de su sistema político y de que algunos eran "crueles dictadores".
Tras dedicar años de su vida a retratar al poder, el fotógrafo está ahora inmerso en un proyecto casi antagónico: inmortalizar a los activistas que desafían al poder en Birmania, Egipto o Rusia, entre muchos otros países.
"Después de años fotografiando a los más poderosos, quiero fotografiar a los que carecen de poder y darles la misma relevancia", concluye.
Fuente: Infobae