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Matrimonio: qué hacer cuando se acaba el romanticismo
Martes 12 de Julio de 2011Vivir en pareja es mucho más que darse besitos por la mañana, el amor cambia con el tiempo y ello no implica su final.

“Se casaron y fueron felices para siempre”, es la consigna que ha acompañado el ideal de una relación amorosa generación tras generación, pero ¿qué pasó con el resto del cuento?, ¿después de cinco años de matrimonio Cenicienta siguió siendo feliz?, y ¿qué opina ahora el príncipe cuando se ha dado cuenta de que cenicienta no se dedica únicamente a cantar con los pajaritos y a peinarse el pelo? La segunda parte del cuento, aquella que involucra el descubrimiento de hábitos y preferencias en el otro a partir de la convivencia, es la más desafiante, sobre todo si se ha hecho un compromiso de amor eterno.

El matrimonio ha sido utilizado como fórmula de la felicidad por incontables parejas que confían en su infalibilidad; pero el reto principal no está lograr una bella ceremonia, sino en resistir la convivencia con el otro, en aprender a respetar y valorar las actitudes que consideramos un defecto y en entender que cada uno fue criado en condiciones diferentes y nadie tiene la verdad acerca de la manera correcta de hacer las cosas en la casa.

La psicóloga Olga Susana Otero, experta en terapia de familia, afirma que el ideal de final de cuento influye de manera significativa en las expectativas de relación a largo plazo de las personas, principalmente si no han tenido la oportunidad de vivir con personas ajenas a la familia, para comprender de qué se trata la convivencia cuando la crianza no ha sido igual.

“Es bien importante el mensaje inconsciente que guardan esas historias. Muchos amores románticos no compartieron la vida cotidiana: Romeo y Julieta no alcanzaron a verse recién levantados, Efraín no tuvo discusiones por el presupuesto familiar con María”, afirmó la doctora Otero para medios de comunicación.

La idealización
El tiempo de conquista y el periodo inicial de noviazgo se caracterizan por la actitud de entrega y fidelidad mutua. Se entrega todo sin esperar mucho porque hay una idealización del otro y sus cualidades superan con creces cualquier posible falla. La idealización es un mecanismo muy importante en esta etapa, detectar y desear las cualidades del otro constituye la base sobre la que se edifica el placer y el gusto por el otro.

El problema se presenta cuando una pareja decide casarse basándose únicamente en el romanticismo característico de la primera etapa del amor y partiendo del principio de que el otro es perfecto.

La mayoría de disgustos y peleas que se presentan durante el primer año de matrimonio se deben a desacuerdos en detalles de la convivencia cotidiana, como el puesto para la ropa sucia, la hora adecuada para levantarse, la manera adecuada de lavar la loza o de tender la cama.

Cómo superar el descenso de la chispa
Una medida preventiva para evitar sorpresas desagradables durante la convivencia matrimonial es vivir durante un tiempo juntos antes de la boda; es la mejor manera de conocer a fondo a la persona con la que se va a cohabitar el resto de la vida, no solo por medio de las cosas bonitas que nos enamoraron, sino con los demás componentes que durante la vivencia cotidiana no se pueden ocultar tras un chocolate o una invitación a un concierto. “Soldado advertido no muere en guerra”, señala la sabiduría popular.

Debes tener muy claro que no existe una manera enteramente correcta de hacer las cosas en la casa, solo distintos estilos, unos más adecuados que otros; aún así es preciso llegar a acuerdos a tiempo, procurando no imponerse sobre el otro. Aunque se trate de detalles pequeños, no hablar de lo que nos gusta o disgusta se vuelve acumulativo y convertirse más adelante en una pelea absurda, porque no se regaron las plantas o no se cambió un bombillo.

Por lo general, los detalles de los primeros momentos del amor tienden a desvanecerse con el tiempo. Ya no recibes chocolates a diario, los masajes no son tan frecuentes, no te surge cocinar platos especiales cada vez, ni sientes ganas de ponerle sobrenombres tiernos. Es normal que esto pase, pero debes comprender que no se trata de falta de amor, sino de un proceso normal de mutación del mismo. La capacidad de adaptación es fundamental para tener un matrimonio exitoso.

La atracción por el otro puede aminorarse con el paso del tiempo, la necesidad de contacto físico también está sujeta a cambios y la posibilidad de que sucumbir a las tentaciones puede acrecentarse con los años. Es inevitable que ambas personas se sientan atraídas por otros, lo importante es que el gusto por el otro en un matrimonio no descansa únicamente en lo físico sino en múltiples actitudes y formas de pensar que se han descubierto con la convivencia, y eso es algo que ninguna otra persona puede suplantar.

Comprender que el amor tiene diferentes etapas y que no todas incluyen la adrenalina de lo novedoso, sino que comienza a fortalecerse a partir del apoyo mutuo y la incondicionalidad, es muy valioso en una relación que está planteada para durar muchos años. Dar la bienvenida a las nuevas formas que ofrece el amor, cuando ambos están comprometidos con el mismo proyecto de vida, garantiza una relación más duradera.

Fuente: Contexto

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